Niños de sangre.
Niños con ametralladoras que matan con caras de poseso.
Perfectamente enseñados a drogarse y a odiar. Y a odiarse a sí mismos y a los suyos.
Locura inaudita e infinita.
Violencia anárquica y constantemente inesperada.
Tanto mal colapsa y le quita sentido a todo.
Ahora está sucediendo.
Auténtica vergüenza de mirarme(nos) al ombligo tan a menudo sabiendo que África sangra así.
Hay que ir a verla sin prejuicios antihollywoodienses.
Hay que ir a verla aunque duela. Porque desgarra.
Y pensar en ellos. Y hacer algo o mucho.
Podéis participar de forma rápida y sencilla en la acción de Amnistía Internacional contra el comercio de diamantes ensangrentados.