La mala fe del ocultamiento y la mentira son opciones vitales. También amenazas en potencia. O miedos vertebrales y vertebradores. Nidos de desconfianza cuasi-irracional. Perros callejeros infectos de rabia. Sentía tanto pavor ante la posibilidad de que le rozaran tales bestias, aunque sólo fuera para olisquearla, que se dedicó a cerrar las puertas y ventanas de su casa para protegerse. Y esta perdió brillo a pesar de sus maravillosas paredes de cristal transparente.
Bárbara, su vecina, la observaba hacía meses con sus prismáticos. No le daba pena la chica de la jaula de cristal, pero tenía ganas de decirle que, si le hacía un par de agujeritos a su jaula, podría respirar mejor... Y que, bueno, todos los perros callejeros, por más callejeros que sean, no tienen la rabia.