Mountain bike 2 - Marta 0.
Seguimos con las bicis. Esta vez en castellano.
El pasado. Mountain bike 1 - Marta 0.
Alrededor de los 12-14 años siempre iba en bici del chalet al centro del pueblo, del chalet a la piscina municipal, del chalet a casa de fulana, del chalet a casa de mi abuela, del chalet a...
Mi primera bici grande fue una mountain bike. Ya ves tú, a santo de qué necesitaba yo cambio de marchas para ir siempre en llano, pero, bueno, cuanto más azúcar, más dulce, o eso pensamos mis padres y yo... Craso error. Al final resultó que la puñetera mountain bike fue una tocapeló(tas): el manillar completamente recto y bajo me destrozaba las palmas de las manos; no tenía timbre ring-ring, con lo que, a cada peatón que me cruzaba, me obligaba a decir "eeeh...mm... ¿puedo pasar?"; no tenía cestita para llevar flores a mi abuela o para transportar el pan y los tomates del día; no tenía dinamo con su lucecita para hacer excursiones al atardecer que es cuando más a gusto se está en verano y, lo peor de todo... el sillín, duro y afilado como una puñetera viga de acero, me inflingía las más viles técnicas de tortura... donde más duele (por eso me costó tanto comprender el sketch de Martes y 13 donde una monja cantaba alegre mientras pedaleaba por el campo con su bici). Eso sí, era una mountain bike y el cuadro era muy gonito, parecía de mármol (!).
(escribiendo esto, me doy cuenta del poco criterio de compra que he llegado a tener porque, digo yo, ¿por qué no analicé todos los inconvenientes que he enumerado ANTES de comprarla?... uhm... :-S)
El presente. Mountain bike 2 - Marta 0.
El domingo pasado por la mañana, en un arranque de hiperactividad matinal, ciertamente poco frecuente (una de cal), el mecánico oficial de la casa, siempre mañoso y ciertamente hábil en actividades manuales (otra de arena... esto me hace pensar: ¿qué es lo bueno: la de cal o la de arena? ¿alguien lo sabe?), se decidió a emperi-follar las dos bicis del chalet. Imaginaos la emoción de las pobres:
-¡Cinco años sin ver el sol!
-La verdad es que hueles a podrido, guapa, y las arañitas te han hecho un vestido que ni Jesús del Pozo.
-Pues porque tú no te has visto el guardabarros. Llenito de óxido. ¡Mira! Ya te lo está quitando el tío bueno este... ¡a la basura va! ¡Jaja!
-Calla, calla... Que a ti te chirrían los frenos como a una abuela.
-No, bonita... Lo que pasa es que mis frenos son multi- poli-funcionales: frenan y sirven de timbre a la vez. Ñiiic, ñiiiic. ¿Ves?
En fin. El mecánico decide que la mountain bike deja el campo y se viene a vivir a la ciudad cono nosotros (la mare que va, la odiosa bici contraataca). La lleva a un taller de bicis que nos comunica que está hecha un auténtico asquito, pero que, para pedalear, sirve.
Al final, me emociona a mí el asunto y todo. Eso de volver a pedalear, a escapar, a sentir libertad, oooh, qué bucólico y poético... ¡sí, quiero!... Aunque tenga que ser encima de la dichosa mountain esa.
Total, que ya me véis a mí el jueves pasado poniéndome el chandal rojito súper mono de la muette que me regaló Pili para ir a pasear con la bici por el cauce del río.
Bajamos al garaje a cogerla. ¡Qué emoción! Voy a subir en una bici después de 5 años o más... (uuuh... ¿Sabré mantener el equilibrio? juro que lo dudaba...)
Para resumir. Subo a la bici y mantengo el equilibrio, sí. Pero... a la vuelta de la primera esquina el plato del cambio de marchas, que está medio torcío, MUERDE mi maravilloso pantalón de chandal rojo ahogando e inmovilizando mi pie derecho. La bici se frena. Yo me cag... cabreo con ella. Empiezo a perder el equilibrio. No puedo poner el pie en el suelo. AAAAH. Casi me mato (me acuerdo de los accidentes de alguno de por aquí... muahahah! :-S). Me rasga el pantalón rojito y guapo de la muette. Yastá.
Mountain bike 2 - Marta 0. ¿La llevamos al desguace, señor mecánico?