Mi ventana indiscreta.
Veo un lugar... En el que una vez me sentí dentro, a gusto. Ahora me empiezo a sentir fuera.
Como si yo fuera una gata llena de curiosidad que observa con atención, pero no se atreve a entrar ni a maullar.
Como si yo fuera aire invisible que llena una habitación con vistas y que investiga los corazones a través de una ventana indiscreta.
Intento observar con la frialdad de un médico forense. Como si nada fuera conmigo y todo me fuera ajeno.
Me pica la curiosidad. Puedo vivir sin saber muchas cosas. Pero, en el fondo, soy morbosa; o en el fondo, echo de menos no ser gata indagante y llegar a saber sin tener que curiosear.
Hay días en que me duele observar y descubrir. Me deja un agujero en el estómago como a los del anuncio del "Si no tomas Danao, ¿qué has desayunao?". Uops!
